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Malezas, el desafío de cada campaña
25.02.2021 | 06:33

La campaña de gruesa avanza en toda la región con un muy buen cierre de año donde tuvimos muy buenas lluvias en diciembre y enero. Más tarde vino un parate que culminó en los últimos días en algunas zonas puntuales ya que comenzó a llover nuevamente.  

Los cultivos están llegando a su etapa final con una carga de malezas que, sin dudas, con esas lluvias de fin de año también hicieron de las suyas.

“El tema de las lluvias y las malezas siempre están alineados. Este año en particular vimos bastantes emergencias de malezas durante el mes de enero. En los cultivos donde la competencia venía lenta, donde no habían cerrado surcos y donde entraba la luz, se ven algunos escapes. Como las lluvias son tan dispares y cambian mucho entre zonas, hay una variedad de situaciones interesantes”, afirmó el Ingeniero Ramón Gigón, especialista en dicho tema..  

 

¿Qué especie está afectando más a la zona?

-Tenemos muchos problemas con crucíferas. En ese sentido, desde hace dos o tres años estamos viendo un avance muy importante de los nabos resistentes, principalmente de Nabolsa. Es una especie que tiene una capacidad y una tasa de crecimiento muy alta, entonces en 7 o 10 días podemos ver cómo comienza a afectar al cultivo.

Aquí es fundamental el monitoreo y estar encima de los lotes para aplicar en el momento justo los herbicidas o agroquímicos.

 

Mas allá de las alertas que vamos recibiendo sobre las resistencias y demás, es sabido que las malezas se han globalizado.

-Sí, esto también lo venimos viendo, a nivel global compartimos las problemáticas de las malezas en todo el país.

Son alrededor de diez malezas las que nos están dando muchos dolores de cabeza en todo el mundo. Algunas se adaptan mejor a zonas templadas y otras a zonas más tropicales, pero se ve que estas especies tienen una capacidad adaptativa muy grande. Entonces, vemos que, malezas como el Amaranthus Palmeri, típica en zonas cálidas, se empieza a adaptar a zonas como la del sur de Buenos Aires.

De todas maneras, malezas como los Nabos siguen siendo para nuestra región un problema más grave que el Yuyo Colorado. Son malezas que siempre estuvieron acá y cuando aparece la resistencia, principalmente el glifosato, estas especies explotan.

Así cómo hemos recibido malezas provenientes del norte, nosotros les hemos exportado Ryegrass y Nabo.

 

Algunas malezas como Rama Negra impresionan porque cuando toman un determinado tamaño los trabajos se hacen más complejos. ¿El tamaño hace que el control cambie radicalmente en la estargegia que tenemos que utilizar?

-Sí, eso es fundamental, por eso tenemos que hacer mucho hincapié en el monitoreo, bajarse a los lotes, caminarlos y hacer las aplicaciones cuando las malezas están chicas porque la especie puede tener resistencia a uno o dos herbicidas, pero siempre cuando están en estado vegetativo, la eficacia de los herbicidas en mayor. Inclusive a los productos que la especie es resistente.

De todas maneras, no hay que descansar en el herbicida ni en el químico que nos va a ayudar en el control, sino que esto tiene que venir detrás de un manejo integrado de malezas donde tengamos una diversidad dentro de los cultivos y dentro de la producción.

Tenemos que tratar de hacer los sistemas lo más diversos posible como para ir engañando y cortando los ciclos de las malezas y que no queden dos o tres especies atadas a un monocultivo o al uso solamente de herbicidas.

Entonces, la introducción de la ganadería, de las pasturas, de los verdeos, de rotar los cultivos de invierno con los de verano es fundamental y es la base del control de las malezas.

El herbicida es una pata más que va a venir a ayudarnos en situaciones puntuales, pero el control integrado es la base para un manejo sustentable y también para no tener problemas ambientales, de resistencia y los demás problemas que vienen por el uso intensivo de herbicidas.

 

En nuestra zona el maíz ha ganado una carrera importante en cuanto a superficie, también han aparecido muchos cultivos de cobertura y en muchos planteos del sudoeste se está dejando un potrero en descanso de un año al otro. ¿En estos tres escenarios ha habido un cambio en la dinámica de malezas?

-Sí, las malezas se van adaptando a lo que el hombre va haciendo, siempre fue así. Hay una evolución que puede ser lenta o rápida según la especie en particular.

Es interesante el tema del maíz, sobre todo en el sudoeste, como cultivo para rotar los cereales de invierno. Venimos de muchos años de fina sobre fina y ahí es donde avanzó fuertemente la resistencia de Ryegrass. Aquí la introducción de maíz es una ayuda para cortar ciclos y meter otra dinámica. Esto ha cambiado bastante el tema de las malezas en la región.

Igualmente, si de trigo nos pasamos todos a maíz, van a empezar a aparecer problemas con otras malezas, más de verano.

Creo que la baja densidad entró muy bien en cuanto a la fisiología del cultivo y demás, pero esa entrada de luz hace que las malezas proliferen más, tomen más fuerza y tamaño.

Estos maíces de baja densidad necesitan de una muy buena tecnología de control para que la maleza no ejerza competencia. Aparte el maíz es muy sensible en la competencia inicial, entonces siempre se necesita de un pre-emergente.

Lo ideal sería ir combinando todas estas situaciones según el beneficio económico que pueda tener el productor. En el cultivo de cobertura todo es muy lindo, pero tenemos que tener cuidado cuando vienen épocas de sequía.

Entonces, también lo tenemos que manejar de una manera correcta y tener cuidado, sobre todo en nuestra zona, cuando vienen períodos de seca.

Hay que barbechar, es decir, unos 45 o 60 días antes de la siembra deberíamos empezar a dar de baja ese cultivo de cobertura para que las lluvias que caigan ahí vayan para el cultivo y no para la cobertura.

También es interesante el tema de los potreros en descanso, después hay que ver que productor está en condiciones de dejar un lote un año parado, pero en cuanto a la biología y a la ecología de las malezas es muy importante porque le damos la oportunidad a todas las especies sensibles para que hagan una competencia sobre las resistencias.

Está estudiado que los biotipos resistentes tienen una penalidad biológica en varios aspectos y uno de ellos es la habilidad competitiva que tienen sobre otras especies.

En definitiva, si no queremos resistencias a herbicidas hay que dejar de usar los herbicidas, esa es la clave. El tema es cómo podemos seguir produciendo sin el herbicida.

 

Todos los productores están mirando el precio que puede llegar a tener la cebada, por lo cual, ya hay muchas cabezas pensando en la fina con todos los desafíos que siempre tiene el barbecho y el inicio de siembra.

-Ya los productores están empezando a barbechar para la fina. Esto es lote a lote, como lo decimos siempre, hay que ver si vale la pena arrancar a barbechar o esperar un poco más. Todo depende de la maleza que tengamos.

Quizás, si sabemos que las malezas que tenemos son sensibles, dejarlas unos días más puede ayudarnos en la competencia inicial sobre otra maleza que puede ser más complicada como el Ryegrass.

No debemos apurarnos con el control, en general para todos los cultivos un barbecho de 45 o 60 días estaría bien, pero hay que ver lote a lote cuál es la problemática.

En la zona de Tres Arroyos, con las lluvias que tuvimos en enero, empezamos a ver a fines de ese mes crecimiento de Ryegrass. No me apuraría a aplicar esos lotes que tienen esta enfermedad porque ahí comenzamos a meter más presión de selección con el herbicida sobre el Ryegrass.

Es muy importante estar encima para ver y hacer un buen diagnóstico con un profesional. Esto sería lo ideal.

Y si van a hacer un control químico, elegir una estrategia sustentable, económica y adecuado para esa situación.

 

¿Qué impacto tienen las malezas en estos casos, en particular de la fina, la densidad de siembra?

-Es importante. En ese sentido, hay muchos trabajos en cuanto a la competencia de los cereales de invierno sobre las malezas. La densidad es uno de los aspectos relevantes.

También, como hablamos de maíz, hay una gran tendencia a bajar la densidad de siembra de trigo y de cebada. Aquí hay que tener mucho cuidado porque la baja densidad le da el pie al Ryegrass, a la Avena Fatua y a los Nabos a que desarrollen más.

Entonces, después los mismos herbicidas van a funcionar peor porque las malezas van a estar más grandes.

Hay un trabajo interesante, realizado en la Chacra Barrow, en el cual aumentaron la densidad de siembra en los manchones de Ryegrass. Generalmente los lotes con esta enfermedad empiezan sobre los bordes y ahí tenemos la posibilidad de hacer una doble pasada con la sembradora para aumentar la densidad de siembra y la competencia sobre el Ryegrass.

En el trabajo en la Chacra Barrow se evaluó el efecto sobre la producción de semilla en esos bordes donde se hacía doble pasada de sembradora y fue positivo.

Ahí tenemos herramientas fáciles para implementar. La competencia del cultivo es fundamental para lograr un control adecuado de la maleza.

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