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El poder está en nosotros
11.07.2021 | 09:12

Todo el mundo hace algo. El que corta el pan, el que cuartea la res, los que pasan los vasos, hay dos haciendo fuerza para correr el gran carretel que sostiene los animales. El calor es mucho pero el paisano no duda en pisar parte de las brasas, para poder sostener con más fuerzas la paleta del animal. Afuera del cerco todos observan, el sabor al “reencuentro” de amigos, productores, vecinos, genera varios grupos de charla, todos con sus barbijos, nadie grita, nadie se exalta.

Atrás quedó una larga noche de mates, cordero, algún vino para amenizar y la gran incógnita si el esfuerzo valdría la pena. Nadie dijo que no, a la hora de los esfuerzos, de poner lo que hay que poner, todos estuvieron. Una mención especial a los que aportaron los animales, sin dudarlo, sin pedir un centavo a cambio. Los asadores, el pan donado, la leña traída de Villarino por otro productor que ni siquiera conoce al grupo, formó parte de un evento tan solidario como lo es propio sector cuando de causas importantes se tratan. Acá no hay subsidios, ni apoyo, ni plata, al contrario, varios pusieron algo para alquilar hasta baños químicos, “para que no falte nada” dice alguno a la pasada.

La vaca vieja transpira ni bien recibe sus primeros fuegos, los matambres a las pocas horas desaparecen en el crujir de los cueros y con los primeros rayos del sol, los costillares brillan casi transparente entre si, dejando entrever la ausencia de carne, entre costilla y costilla. Cuando llega la hora, impresiona en el corte, una grasa amarilla fluorescente que de por si sola, repele a la vista. “Quién se le anima, vamos, quien prueba la vaca China”, apura uno de los asadores, mientras que en la punta, un productor, profesional Veterinario, se toma el trabajo uno por uno al entregar el sándwich armado, explicando qué es una vaca vieja, porque tiene ese gusto fuerte y respondiendo a la pregunta de “porqué no está tan dura”, responde "por las 15 horas de fuego recibida". La cara de asco asoma rápido, un gusto ágrio, se mete en la boca y el vaso de pomelo es apurado, “que espanto!” grita el invitado, tratando de pasar el cacho de pulpa lo más rápido posible.

Las caras se transforman en un instante, “mirá, mirá, está la placa de TN compartida, Bahía Blanca y San Nicolás” se entusiasma un organizador, entendiendo que el gran objetivo de la difusión estaba cumplido. Las risas del momento, la satisfacción del deber realizado se interrumpe en un aplauso: los cientos de aglomerados del otro lado del corral armado con caños (también prestados por un productor que vende implementos) se cierra felicitando asadores, organizadores y en el instante, alguien comienza con las estrofas del himno, donde el “Oh juremos con gloria a morir”, se hace fuerte, profundo, hincha los pechos de los presentes.

No hubo discursos, no hubo reclamos, ni un solo momento alguien subió de tono o agravió o insulto, solo de vez en cuando las bocinas de camioneros, algún “viva la patria” desde la ruta y los ojos brillosos de unos cuantos, hacían del paisaje un evento que debería ocasionar orgullo, satisfacción y alegría, pero no había nadie dispuesto a festejar, sabedores todos de que el esfuerzo, era simplemente para gritar a los cuatro vientos, la enorme injusticia de una política absurda, tirana, incomprensible, que solo ante la acción de muchos, las enormes muestras de disconformidad y el saberse equivocados a todas voces, pueda tal vez retroceder y enmendar en parte, este desastre provocado que solo puede finalizar en la destrucción de la producción ganadera.

Casi 24 horas pasaron y el grupo poco a poco se dispersa. Atrás quedaron los recuerdos de la 125, atrás quedaron aquellos días y noches de ruta, absurdos, perdidos, sin sentido. Esta vez fueron apenas unas horas, una noche, algún amanecer. Solo la recompensa de entender el poder de la unidad, es capaz de compensar el cansancio. La mirada atrás tiene olor a Patria una vez más, esa que solo aquellos que se esfuerzan por un país mejor conocen. Los del laburo, los de los sacrificios, los que siempre están dispuestos a poner un poco más. Viva la patria…retumba a lo lejos…

Carlos Bodanza

Para Mañanas de Campo