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La otra ganadería
31.07.2021 | 16:57

El cierre de exportaciones ha sido el tema de los últimos meses, el perjuicio de la ganadería en su conjunto, el rompimiento de la cadena, de los empleados del frigorífico, del desmoronamiento de los precios, de las góndolas y su depresión sin final, de lo que el país se está perdiendo de ganar, de la falta de cumplimiento de acuerdos y de todas las cuestiones que hacen que esta medida, pueda calificarse como absurda, incongruente, perversa, retrógrada y todos los calificativos que se le quieran adjuntar, ante la falta de respuestas al verdadero problema que es la economía destruida con una inflación cancerígena.

Listo. Hecha la catarsis, dejamos para el análisis lo que pocos ven, lo que mucho, pero muchísimo duele en las entrañas de la ganadería real, de la diaria, de la que son miles y miles, pero silenciosos.

Ellos no son mejores ni peores, tienen otra escala, son el origen en realidad de todo el negocio, si pensamos que desde allí se alimentan cientos de ferias, de ellos se proveen los pequeños frigoríficos, son el verdadero aliemento de  pueblos, parajes y estaciones, son la economía real, la que mueve la aguja todos los días, las que no llega al banco, la que no califica, pero sumándola son el verdadero núcleo de la ganadería argentina.

Es fácil encontrarlos ahora en la época de la sequía, sobre todo ahora en pleno invierno, ellos tienen abierta la oficina al público desde la salida del sol hasta la tardecita, están ahí, armando el eléctrico al lado del camino rural, sus haciendas pastorean sobre los viejos alambrados de la huella, los verán durante horas en la banquina de la ruta, custodiando las vacas más viejas, que habrá que vigilar durante la larga jornada desde arriba de la camioneta, no vaya a ser que provoquen una desgracia.

Empleados? A lo sumo uno y hasta en estos tiempos, terminan sin ellos, rotándose, la mujer, algún hijo, o alguno que traen del pueblo para que haga los alambres, para que ayude a encerrar y a veces si hay que rastrear, o vacunar aftosa. Son la economía de guerra, la que nunca alcanza, la que permitió durante años y años, criar familias enteras, educar hijos, mandarlos hasta la Universidad, a veces con 150 hasta 200 o 300 hectáreas, en este país, millones se criaron bajo ese formato y hoy seguramente muchos de ellos son grandes profesionales, todos salidos de la escuela de la ganadería de la lucha, de la pelea diaria, del “pocas veces asomar la cabeza”.

La mirada de afuera dirá que tomaron malas decisiones, que habrán sido ineficientes, que no conocen el Excel. Mi respuesta, es la de la abuela: “con yuyo cualquiera es brujo querido”.

Por eso el cierre de exportaciones de vaca china les pego de lleno. Porque en economía de guerra, el descarte lo es todo. El ternero es el financiero, la recría es el capital, el gordo es el sostén (alguno siempre terminan), pero el descarte es el cigarrillo del Kiosco, es el que paga todos los gastos, es el que banca la caja diaria, es el que permite que al ir al pueblo, siempre haya un mango en el bolsillo.

Hoy ya no llegan con los carros a la feria, ese mismo que traían con cuatro vacas y un toro viejo y se llevaban con 10 terneros. Hoy pocos van a la feria y no se llevan nada. Por todo esto, créanme, entre invierno, seca y muerte del descarte, hay una ganadería que está herida de muerte. Por ella hay que pelear, gritar, y hacer que la política entienda, que además de las elecciones, hay un país que se queda sin vida. Por eso esto se los pido a los feed lots, consignatarios, al gomero, al mecánico, al de las grandes estancias.

Para cerrar voy a citar al gran poeta de Huanguelén: “fácil mirar de arriba cuando abajo no se estuvo. El lechuzón por ojudo observa desde el alambre, pero va a matarse el hambre a la cueva del peludo”.

No olvidarse de dónde venimos, es entender siempre hacia dónde vamos.

(Dedicada a Joaquín Pinasco y Gustavo Almassio)

Carlos Bodanza

Para Aire de Campo – Radio Rivadavia