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Todas las razas, la misma pasión
09.10.2021 | 13:28

Un hecho muy esperado ocurrió en Tandil por estos días, algo que cada vez tiene más seguidores, un evento que hace rato dejó de ser de una sola raza,  una pasión que si bien todavía parece resistida por algunos que la tildan como elitista o la ven como la ganadería de la “premier ligue”,  a medida que se suman, que entienden lo que allí ocurre -y sobretodo sienten lo que se vive- recién allí comprenden que hay pasiones que solo suman, qué más allá de los que se vea desde afuera, nadie puede auto-condenarse por vivir en el mejor país del mundo a la hora criar vacas, por más que haya una siniestra mentalidad gobernante, que se empecina con mostrar una cara que solo puede ser un invento o nacer de la envidia, de la avaricia y de los más miserables pecados capitales, desconociendo así el mayor valor agregado qué estas pampas puedan tener:  un valor llamado “ganadero”.

Los corrales son una verdadera fiesta: abrazos de reencuentros, termos compartidos en ronda de mateadas, la picada a cualquier hora, la sopladora prestada, el cabañero compartido, la crítica constructiva, el flete qué trajo los animales de la misma zona para reducir los gastos entre campos casi vecinos. En este mundo de supuesto “glamour”, si alguien no supiera que allí se compite por ser el mejor, pocos entenderían la enorme camaradería que se vive en esa trastienda. Por todo esto cuando se llega la pista son todos ganadores.

Es cierto hay un Jurado que fue clasificando, que será el encargado de golpear el lomo del animal para que la tradición indique que allí está el ganador de una categoría o ni más ni menos, que el gran campeón de la muestra. Y serán todos los que van a celebrar, los que se van a partir en un abrazo, que irán uno por uno a felicitar al ganador que luego seguramente tendrá en sus filas- así se llama en la jerga a los corrales dónde anida la cabaña -un compartir unos tragos, una picada y sobre todo una charla, esa que tras dos años sin Palermo no pudo hacerse cara a cara

Lo mejor de esto es que estamos casi todos” dice emocionado una leyenda viviente cómo lo es Norman Cato, al preguntarle qué fue lo que más le impacto de la vuelta a las exposiciones

El Jurado no vino de Estados Unidos, no luce ningún “gorro lejano”,  ni siquiera ostenta ser el titular de una poderosa empresa, o de una cabaña que haya hecho historia. El hombre es apenas un ganadero de humilde perfil y de una grandeza que a medida que pasan las exposiciones, todos van reconociendo. Su timbre de voz disfónico, sus conceptos cortos, claros y concisos dejan ver sus conocimientos,  en una jura que no deja grietas mostrando agilidad y sencillez en fallos que otros tal vez hubiesen complicado con vueltas y vareos. En dos importantes momentos, cita en uno a un reconocido Jurado para que lo acompañe en la entrega y en la gran final pide poder saludar antes del fallo, a cada uno de los cabañeros que portan el posible ganador, dejando a toda la pista con la piel de gallina.

Sería imposible resumir la Exposición Nacional de Angus de primavera en una columna, no hay manera de poner en un teclado sentimientos que aún dan vuelta en el alma.

Acá no hubo razas, estaban todas. Acá no sé vivió en Tandil, estaba el país entero. Acá no hubo grandes nombres ni la ganadería de unos pocos, ni la miseria ausente -por suerte- de unos insensatos que nada comprenden cuando gobiernan. Acá hubo pasión, algo que une a todos los que alguna vez, osaron comenzar a criar vacas y que irremediablemente como una pandemia, contagia y enferma y orgullosamente no tiene cura.

Por todo esto, gracias a Dios por hacernos ganaderos!!

Carlos Bodanza

Para “Aire de campo” – Radio Rivadavia