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Salir de Costa Pobre
22.01.2023 | 09:48

Los argentinos, acosados por los efectos de una crisis económica, social y política que viene de lejos y cada día se agrava más, vamos cayendo en estados de ánimos pesimistas. No se trata de buscar consuelo fácil para las fundadas preocupaciones del día a día, sino de ver la realidad en todas sus dimensiones, sin descartar, desde luego, los aspectos más desfavorables de esta situación.

Una actitud madura contribuiría a valorar con realismo los hechos y ayudaría a enfrentarlos con mejores posibilidades de éxito. Es frecuente escuchar expresiones que asimilan la situación actual a la de moribundos. Nada más alejado de la verdad; debe desecharse por absurda la idea de que el país vive sus horas postreras, como si careciese de futuro.

Argentina es una nación vigorosa, con un pueblo dotado de condiciones culturales no desdeñables. A pesar de ello, los argentinos pensamos y actuamos como si viviéramos las horas de un naufragio. Lo que ocurre es, ciertamente, grave, pero de ninguna manera se aproxima a las tragedias que otros pueblos conocen. Esto no es una excusa para nuestros problemas, pero es bueno contar con puntos de referencia adecuados para juzgar con acierto y actuar en consecuencia.

Nuestras potencialidades económicas están intactas y la importancia geográfica y estratégica del territorio nacional no puede ponerse en duda. Tampoco cabe desconocer la valiosa tradición cultural que nos caracteriza, si bien viene decayendo en calidad, aun se mantiene viva en el interior de nuestro país; y el trabajo genuino subsiste a pesar de los sindicatos y de los cantos de sirena del Estado para seguir otorgando subsidios a cambio de apoyo y de votos. Lo substancial, lo que vale, está de pie, y éste es un dato de la realidad que no puede desconocerse ni olvidarse.

Lo que falta es un proyecto de vida que comprometa a todos y que sea capaz de estimular la imaginación creadora y la emoción nacional, de modo que nos impulse al avance en dirección hacia la modernidad. Sólo así se superarían las dificultades que traban el entendimiento de los sectores que hoy participan, sin miramientos, en la puja distributiva. Todos ellos -excluyendo a los procesados por actos de corrupción o a quienes amenazan con dislocar el orden republicano-, en especial los que tienen mayores posibilidades de influir cuando se toman las decisiones del poder, deben contribuir en la búsqueda de coincidencias básicas sobre los temas fundamentales que urge resolver, para salir de una vez por todas de la decadencia -concebida como aquella serie de Alberto Olmedo: “Costa Pobre”- y poner proa hacia un futuro promisorio.

José Luis Ibaldi

Para Mañanas de Campo