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Una oportunidad para el sorgo
05.10.2018 | 07:49

Frente al incremento en los costos de los alimentos tradicionales como el maíz, el sorgo se presenta como una buena alternativa. Un grupo de productores realizó una exitosa experiencia de campo, con el asesoramiento técnico del INTA.

El escenario actual requiere pensar en alternativas de producción de forrajes que permitan bajar los costos de las dietas de los animales en engorde. Una experiencia realizada en Valle Medio demostró que el cultivo de sorgo puede transformarse en una opción para cumplir ese objetivo.

Como es sabido, en los últimos meses se registró un importante incremento en los costos de los suplementos proteicos para producción animal, que afecta a los sistemas ganaderos basados en la provisión de granos. Por ejemplo, el maíz pasó de aproximadamente $ 2,5/kg a $ 5,1 /kg en lo que va del año. Por esta razón se vislumbra la necesidad de cambiar el rumbo de la base de las dietas de los engordes y que los productores generen su propio forraje, a fin de reducir el costo de la ración.

Al igual que el maíz, el sorgo es una gramínea que con el mejoramiento genético y la selección se transformó en un cultivo ampliamente difundido en la Argentina y adaptado a una gran diversidad de ambientes. Es rústico por excelencia y ante condiciones de estrés puede detener su crecimiento y restablecerlo en condiciones más favorables.

Su ventaja frente al maíz es que requiere de un menor costo de inversión por hectárea producida y se adapta a suelos con ciertas limitaciones de salinidad, donde cualquier otro verdeo de verano tendría pocas chances de lograr buena producción de materia seca por hectárea.

Además, el sorgo azucarado es muy palatable para los animales por su alto contenido de azúcares en el tallo, que compensa su menor capacidad para rebrotar. Se considera apto para el pastoreo directo, diferido y también para la confección de reservas como heno y silaje.

En noviembre de 2017, personal de la Agencia de Extensión Rural Valle Medio del INTA acompañó al productor Gonzalo Puente en una experiencia de cultivo de sorgo de caña azucarada. En esa fecha se sembraron diez hectáreas que hasta el momento eran identificadas como “los cuadros donde no crecía nada”, con destino a utilizar esta forrajera como abono verde para la incorporación de materia orgánica y mejora del suelo.

Avanzado el ciclo del cultivo y atendiendo al cambio de variables económicas mencionado se decidió cambiar el rumbo. Para ello se realizó un silo de planta entera. A mediados de abril, cuando el cultivo tenía un contenido de materia seca de aproximadamente un 35% se confeccionó el silo con un rendimiento de 60 toneladas material fresco (21 toneladas de materia seca por hectárea), lo que significa un muy buen rendimiento. A los 45 días, finalizado el proceso de ensilaje se efectuó un muestreo para su posterior análisis de parámetros nutricionales, que resultó acorde con lo esperado en cuanto a contenido de energía (2,37 Mcal de energía metabolizable por kilo de materia seca), fibra (52%) y proteína bruta (7%), valores comparables con un silo de maíz.

De esta manera se comenzó a alimentar con esta reserva (60% de la dieta) a animales de recría con un peso promedio de 150 kg, y se los suplementó con un núcleo proteico, vitamínico y mineral (20%) y maíz partido (20%) durante 120 días. Como resultado, los animales aumentaron en promedio 700 gramos por día y luego se mantuvieron 30 días más con una dieta de terminación tradicional basada en grano de maíz (80%), silo de sorgo (10%) y un núcleo proteico, vitamínico y mineral (10%).

Según relata el productor, “con esta experiencia innovadora pudimos reemplazar el grano de maíz en la dieta y con ello bajar el costo final de la ración de 30 a 24 pesos por kilo ganado”. En lo que respecta a la adaptación de los animales, destacó que “fue buena y rápida, porque el sorgo les resultó muy palatable”. Por último, Puente remarcó dos ventajas en cuanto al cultivo: “además de su menor costo, el sorgo se adaptó a algunos suelos donde el maíz no prosperaría”.

Fuente: INTA por Verónica Mariela Favere