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Paradigmas de un país sin lógica
04.11.2018 | 09:03

Seguramente todas tienen una explicación particular, un análisis profundo, pero como con los chistes, cuando algo simple hay que explicarlo demasiado, indudablemente algo no está del todo bien.

En materia productiva sobran ejemplos, basta simplemente repasar la historia del sector tambero, donde la lógica indica que la máxima producción de leche, la mayor eficiencia, la más alta genética y la tecnología de punta, deberían poner al tambero al resguardo de la crisis de precios. Bueno, eso no ocurre y bajo esa línea, el 90% de los tambos Argentinos viven en una crisis eterna y sin final, donde hace apenas unos años se reclamaba al estado que no interviniera los precios con máximos y hoy el mismo tambero le reclama al estado, que intervenga los mismos con mínimos.

Pero también están los que van a contra mano: si existe un precio relativamente histórico, un grupo de tamberos decidió transformar su producción, para que los costos y la rentabilidad, cierren con ese número. Cómo? Bajando producción, no bajando tecnología pero si “agiornándola”, cambiando la genética y volviendo a la fuente pastoril, lograron ser rentables, con menores preocupaciones y con un sistema sustentable. Precisamente eso, ocurre en la cuenca lechera de Villarino.

Por eso, constantemente chocamos con nuestras ideas, mirando lo que ocurre en muchos lugares del mundo. Todo eso, aquí, no siempre es aplicable, porque para eso, se necesita un mercado que sepa competir y aquí no lo hace. Se necesitan consumidores que sepan controlar, boicotear –en el buen sentido- y comprar en base a sus propias necesidades, no a sus costumbres. Es urgentemente necesario, que el estado incorpore justicia comercial, con reglas claras, cumplibles y sancionables duramente, ante figuras monopólicas o de alteración de precios.

Esa es nuestra base, esa es nuestra contralógica. Esa misma que indica que el gas oil es más caro mayorista que minorista, es decir, si lo uso para trabajar, debo pagar un plus. Lo mismo ocurre si debo usar energía eléctrica, gas o lo que fuere, quien produce, paga más que quien lo usa recreativamente o para la vida cotidiana.

Hace pocos días, escuché un productor quejarse por enésima vez en su vida ante la falta de acceso a un crédito, algo que cualquier productor en el mundo –y el mundo empieza hasta en los países vecinos –accede fácilmente a la compra de una herramienta o de una maquinaria de alta tecnología. “Si yo fuera gobierno se las tiro por la cabeza. Total un productor que va a hacer con una cosechadora? Si habrá algún vivo que la venda, que le saque un mango más de lo que la pagó subsidiada. Pero esa cosechadora va a terminar trabajando en algún campo, porque no puedo comprar una cosechadora para irme con la familia de vacaciones” disparó este buen hombre, riéndose de su contralógica. Ideas sobran, lo que falta, es un estado que quiera jugársela.

Bajo la misma línea, en este país se pudo blanquear dinero para ponerlo en bonos, en idéntico pensamiento del productor de las maquinarias, se le regalan tasas de interés a quienes freezan el dinero, no se le cobran impuestos, se les pide que no saquen esa plata al circuito porque caído en su propia trampa, ese dinero permite sostener una economía ficticia, pero la única que tenemos.

Por eso, cuando muchas veces me preguntan si soy optimista, mi respuesta es como la lógica: hay que explicarla, tengo que ponerle argumentos, porque si lo quiero hacer de manera sencilla y directa, sería incomprensible.

Carlos Bodanza                                                                                           

Para Mañanas de Campo

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