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Reflexiones
16.12.2018 | 09:42

No voy a dedicar mi tiempo y esta columna a ladrones de guante blanco y a la Justicia. No tiene sentido. Está en el ADN Argento que van a pagar las generaciones que nos sigan, mal que nos pese a las generaciones actuales que estamos escribiendo el presente. Para cambiarlo hay que dar un fuerte golpe de timón y no se avizoran muchos pilotos dispuestos a hacerlo.

La historia se acordará de nosotros en lo que hicimos y en lo que dejamos de hacer. De allí que la búsqueda del bien común tiene que tener relación con las virtudes y los valores que aún nos quedan, y que son como una deformación positiva del ADN Argento. Y esto se puede resaltar en aquellas pequeñas grandes cosas que muchos argentinos de bien hacen diariamente por su prójimo y que en la cercanías de la Navidad y de la festividad de Fin de Año se incrementa.

En las últimas semanas lo palpé en la empresa donde trabajo, donde un puñado de hombres y mujeres, compañeros de labor, armaron dos cajas de alimentos esenciales y regalos, para dos familias que no conocen físicamente, pero que el corazón les dice que estarán compartiendo con ellos en el día de Navidad la esperanza del Hombre Nuevo.

Esta escena, seguramente, se repite en muchísimas familias de esta ciudad y la región, canalizada a través de las parroquias, que son puentes de fe, de afecto y de esperanza.

Más allá de los gobiernos, de la política corrupta, de las cosas que venimos haciendo mal, aún quedan ciudadanos de a pie que se resisten a ser cómplices de ello y siguen trabajando fuertemente por un país mejor. Y no se contentan con ello, van por más acompañando a miles de familias necesitadas a lo largo del año, no sólo compartiendo el pan nuestro de cada día, sino también poniendo el oído para escuchar muy bien las angustias, sus anhelos, sus desvelos, e intentar buscar alguna herramienta que los ayude a superarlas.

No estamos bien como sociedad, pero no nos podemos quedar en la simple queja. Hay muchos compatriotas que actúan como si todo el año fuese Navidad. Sólo la solidaridad y el trabajo buscando el bien común nos van a salvar. La Madre Teresa de Calcuta nos recuerda que “hay que dar hasta que duela y cuando duela dar más”. ¿Estamos dispuestos a hacerlo? ¿Estamos dispuestos a sacrificarnos por el otro? Dos preguntas que les dejo de deber para estas semanas previa a las Fiestas, porque sería bueno empezar de a poco a cambiar la realidad del futuro 2019.

José Luis Ibaldi

Para Mañanas de Campo