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Nosotros, el peor enemigo
27.01.2019 | 18:02

Mucho tiempo llevó construir una de las campañas –sino la más- importante de trigo de la historia, granos más, granos menos, alrededor de 19 millones de toneladas, son parte de un récord logrado entre todos. Bueno, en realidad, no tanto, en la supuesta cadena –como en todo lo agropecuario, cadena es una falacia- hay gente trabajando día tras día, para que lo logrado, no sirva de mucho.

Triste historia la que recordamos cuando cosechábamos la mitad, hijos de un 23% de retenciones, con cupos, con Roes y hay que decirlo, hoy con un 11% de este impuesto distorsivo, la celebración queda también empañada y parte de los principales actores que frenan el gran logro, son justamente los exportadores.

“Queremos que nos paguen y reconozcan la calidad” denuncian productores en un grupo de wasap, hartos de ver como en silencio, el objetivo tan deseado y la inversión realizada, se queda en manos de los monopolios que manejan la exportación. Claro, habría que hacer contratos solo con condición cámara y la respectiva certificación arbitral, pero más allá de esto, se trata claramente de un aprovechamiento cuasi delictivo, de quienes siempre, tienen las de ganar. Y entonces? Nada, castigan el grado 3 y no premian el grado 1.

Sin querer un estado intervencionista, según fuentes del diario La Nación, al consultar en la Secretaría de Agroindustria, la respuesta sabe a poco o simplemente a desidia: “son acuerdos entre partes”. Sin dudas, en el único momento que el estado debería intervenir, es cuando los mercados dejan de ser trasparentes, o cuando simplemente, dejan de ser competitivos por tratarse de mercados monopólicos y por qué no – ya lo hemos visto- con colusión, es decir, ejerciendo el poder que da justamente, “el ponerse de acuerdo entre compradores”.

Si hacemos memoria, el propio gobierno incentivó la siembra, incitó a la inversión en fertilización y empujó a que la calidad, esté por encima de los rindes en esta campaña. Las respuestas? Retenciones a mitad de camino y mirar para un costado, cuando claramente, debería sentar en una mesa a los exportadores y ponerlos en su sitio, algo que parecería, no es justamente una política de gobierno a la hora de decirles lo que haya que decirle a quienes manejan los precios en la Argentina.

Habrá productores que de ser posible, retendrán el cereal lo máximo que puedan, no por sentarse arriba del silo en tono especulador –algo que flojo de boca, más de uno rápidamente dispara- sino que en justa defensa, a la espera que estos señores se queden en algún momento, sin el grano que les permita estar en posición dominante y tener que reconocer, lo que siempre debieron reconocer.

El enemigo está adentro, nadie lo duda. Lo vimos en la carne, cuando los frigoríficos exportadores el año pasado, hicieron grandes diferencias sin que el precio interno moviera la aguja a favor de los productores. Lo vemos ahora, con el trigo. La pregunta es: no será el momento de que las entidades comiencen a dejar de lado las cuestiones políticas y se decidan a representar a sus productores? Ya no hay Macri, ni Cristina, hay productores que defender. Ya está visto que a la hora de los números, no hay amigos, ni aliados, como siempre, los que la ponen son los mismos.

Carlos Bodanza                                                                                           

Para Mañanas de Campo