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Costumbres que hacen mal
03.02.2019 | 09:17

Las imágenes duelen, los corrales parecen haber sido sometidos a una explosión, mientras el recorrido por el potrero refleja con similitud lo que podría haber sido una clásica intoxicación y el relato surge de lo más profundo de un aprendizaje trágicamente doloroso. Por qué? Es la pregunta que muchos se hacen, si inclusive en muchos casos se tomaron los recaudos necesarios para que nada ocurriera.

La tecnología en el sector agropecuario es digna de admiración, con todo un paquete que en agricultura avanza día tras día, llevando a la máxima expresión la siembra, la cosecha, el monitoreo. En materia ganadera, si bien las cosas vienen muy atrás- recordemos que el agro maneja dólares, la ganadería cotiza en pesos – hoy es posible conseguir desde un eléctrico automatizado, cámaras en los comederos y seguimiento vía web de los niveles de bebida en una aguada.

Sin embargo en cuestiones de manejo de los rodeos, hay conceptos que no logran romper determinadas estructuras, cuando aún se atrapan animales a lazo, se picanean o se “lonjean” a rebenque, como si el tiempo estuviera detenido, de hecho cada vez que veo un rebencazo en el lomo de la carne de mayor calidad del mundo, me imagino viendo a un agricultor llevando el arado mansera cargado en sus hombros. Increíble no? “Ya no importa que pensemos o que pretendamos del manejo y tratamiento de nuestros rodeos, son nuestros clientes quienes pagan o no, para que el producto que vendemos tenga la calidad que ellos pretendan. Está en nosotros cambiar la cabeza, subirnos al tren o quedarnos afuera”, disparó el ex presidente del Senasa, Dr. Jorge Dillon en una charla de replanteo de manejos sanitarios.

Por todo esto, es urgente que comencemos a salir de la ganadería del pasado, de costumbres obsoletas que solo deben quedar para el museo de la tradición, respetando el pasado, pero aprendiendo que el futuro es mejor y que de lo anterior, debemos rescatar lo importante, no solo repetir porque es costumbre.

Son otros tiempos, donde no hay quien no repase como mínimo dos-tres pronósticos, con algunos que hasta son personalizados según coordenadas del propio campo y hasta del propio potrero. Entonces, cómo no prevenir en qué día, a qué hora y en qué momento haremos un trabajo? Cómo es posible que un productor que durante dos años, hizo lo imposible por ganar kilos, por producir calidad, por hacer el desbaste perfecto, no planifique si el día en cuestión para la venta, puede ser el causal de tirar todo ese trabajo por la ventana? Si habrá dos días de 40 grados, a quien se le ocurre enviar a una feria o a un mercado? O encerrar toda una noche?

El ente sanitario que nos regula, debería intervenir por cuestiones de lógica, ya ni siquiera de bienestar animal en estas situaciones. Se suspenden remates por lluvia, se postergan mercados por paros de camiones y hasta se prorrogan ventas porque una consignación importante no vendrá a la próxima feria o no hay envíos por ser día jueves. Entonces, no sería lógico con pronósticos de 40 grados, no abrir el mercado o postergar una feria?

Las herramientas están, los mercados nos exigen y nuestros productos parecen al fin, comenzar a tomar un nuevo vuelo. Está en el sector ganadero seguir haciendo cabotaje con viejas costumbres o subirse a una nueva consciencia ganadera.

Carlos Bodanza                                                                                           

Para Mañanas de Campo