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Quiénes ganan y quiénes pierden con el nuevo peso mínimo de faena
08.03.2019 | 07:37

En el siguiente artículo, la dupla que conforman Los ingenieros agrónomos Juan Elizalde y Sebastián Riffel, dos muy reconocidos expertos en producción ganadera, analiza los posibles impactos de la reducción del peso mínimo de faena, de 300 a 245/250 kilos vivo, para las hembras de la raza bovina.  

La consultora Elizalde & Riffel analizó la Resolución 74/19, publicada el 6 de marzo, la cual redujo el peso mínimo de faena de las hembras a 140 kilogramos res con hueso. La idea es evaluar el impacto de dicha medida sobre la producción de carne y estacionalidad de la misma, como así también establecer algunas recomendaciones para lograr planteos ganaderos rentables escapando a esta resolución que tiene mucho de político y poco de técnico.

Muchos opinaron que la resolución tiene efecto “electoralista” y fue hecha a medida del consumo liviano, más específicamente de un sector o grupo que se dedica a esto. Aún cuando no lo sea, la resolución así escrita y justificada genera un sensación tan parecida que es imposible discernir las diferencias. Las opiniones que se conocen no responden al conocimiento técnico, ni a si la producción va a bajar o subir, etcétera, sino más bien que es una medida conveniente para que el Estado no se entrometa más con la actividad ganadera.

Rara explicación porque en realidad no es que se eliminen completamente  las restricciones sino que cambian las reglas de la misma (macho sigue en 300 kilogramos y hembra por encima de 245 kilogramos). Por caso, el Estado se sigue entrometiendo igual y sería lo mismo que decir que el Estado no se entromete más en nuestras ganancias porque decidió bajar la alícuota del impuesto a la Ganancias del 35 al 32%, por ejemplo.

La mayoría de las opiniones provienen de los sectores beneficiados que enumeraremos más abajo, aduciendo las causas que detallaremos. Pero la opinión más coherente (y no poco interesada) fue la de Sergio Pedace, de la Cámara de Matarifes, quien dijo que si bien ellos se benefician temporalmente por recibir menos grasa, esta media es una “sabana corta” porque resta cualquier mejora de elevar el peso de otra categoría. Y así se podría seguir agregando opiniones en favor o en contra.

Un poco de historia. El interés de bajar el peso de faena de parte de un sector de la industria no es actual sino que comienza con el inicio del actual gobierno. La necesidad de  bajar el peso de faena (además no se hacia discriminación de machos y hembras) ya se discutía en el 2016.

El querer bajar el peso de faena se aceleró con el intento del gobierno de controlar la comercialización de carne (evasión, cortes, etcétera). La aparición de la sequía de 2018 fue otro argumento para que el Ministerio de Agroindustria (hoy devenido a Secretaría) baje el peso de faena por 90 días. Luego, la presión sobre la Secretaria continuó y se logró que el 10% de los animales puedan faenarse debajo del peso permitido. El argumento fue siempre el mismo: como no se puede hacer recría, o no es negocio, o demora mínimo un año, hay que engordar rápido un animal destetado liviano (sobre todo porque quienes lo proponen son un sector de la industria que poseen engordes de gran magnitud).

Pero este argumento sirve para realizar un negocio financiero de engorde muy rápido (cuanto más rápido mejor) que provoca que muchas veces los animales no alcanzaran el peso de faena. Por esto el interés por bajarlo persistió en el tiempo.

Todo esto transcurría en momentos en que no había corrección del precio de la hacienda y por lo tanto no había componentes inflacionarios. Es decir, no se podía culpar a la carne como causa de suba de precios.

La llegada de la corrección del precio de la carne y de la invernada en 2019 generó el inicio de una nueva oportunidad para bajar el peso de faena. Por esas casualidades, esto tiende a ser muy conveniente y oportuno para que fluya la idea de controlar el precio de la hacienda (no se sabe si de la carne al mostrador) en un año electoral y después de un febrero donde la carne vuelve a tener la culpa de la inflación.

Algunos sectores sabían que esta baja iba ocurrir pero lo ocultaron. Se sabía que se iba a bajar el peso de faena a 270 kilogramos y que iba a ocurrir recién en julio. Ahora que aparece la resolución con una sorpresa de peso mínimo de 245 kilogramos aproximadamente, y en abril en lugar de julio, muchos se rasgan las vestiduras porque los toma por sorpresa.  

Así llegamos al presente, donde se mezcla una suma de intereses cruzados a la resolución que se publicó el día después de las murgas y el carnaval. Como en el juego del Estanciero, retrocedimos a cerca del punto de partida previo a la década ganada.

La resolución. Los argumentos que figuran en la resolución son poco menos que preocupantes, dado que parecen redactados directamente por el sector de la industria que quería bajar el peso. Se aduce que la reducción es por cuestiones de “la propia biología”(???). ¿La biología…. cuando cambió? ¿Ahora o en el 2015? ¿Cambió sólo en Argentina o también en el resto del mundo?

Bueno saberlo, porque vamos a tener que cambiar las currículas de las Facultades de Agronomía, Zootecnia y Ciencias Veterinarias de la Argentina para adaptarnos a la “nueva biología”.

Que la hembra es menos eficiente que el macho no es ninguna novedad. Pero que por esto no se la pueda recriar es error conceptual gravísimo. Requiere de otro proceso que el macho, pero no quiere decir que no se pueda hacer. Además las diferencias metabólicas entre sexos no son de tal magnitud para haber dejado el macho en 300 kilos y la hembra en 245 kilos.

Se argumenta que la medida no cambia la producción por la mejora de la eficiencia del animal liviano. Por lo tanto, se confunde producción con eficiencia. Una cosa es gastar menos alimento para producir un kilo y otra es producir menos kilos de carne. La hembra es un 5% menos eficiente pero NO un 20% menos eficiente respecto del macho.

Los argumentos de la resolución tampoco explican el criterio hormonal, metabólico y nutricional para haber fijado los 245 kilos y no los 270 kilogramos. ¿Y por qué no a los 225 kilogramos? O a los que fuera…. Uno se pregunta cual habrá el algoritmo matemático por el cual se decidió establecer el peso de la res en 140 kilogramos.

¿Quiénes se pueden beneficiar con esta medida?

  • En primer lugar el gobierno, porque de esta forma se favorecería la afluencia rapidísima de animales al mercado con la esperanza que baje el precio de la hacienda y la ilusión que esto se traduzca al menos en una estabilidad del precio de la carne, que mal no vienen en un año electoral.   
  • Los que trabajan con el consumo liviano y a su vez poseen feedlots propios, porque ahora van a utilizar al criador para financiarse con un plazo más corto, dado que el  proceso de engorde será mucho más reducido que antes. Esto no es malo sino que el criador decide en definitiva si una gran parte en el precio se traduce en carga financiera.
  • Favorecería la concentración de la actividad de engorde del liviano. El proceso se dará paulatinamente en los feedlots que poseen faena propia o viceversa.
  • Los que trabajan con liviano, lo producen o lo compran. Hasta el 15 de abril, la categoría que más valía es la ternera de 300 kilogramos. A partir del 15 de abril el precio máximo va a ser la ternera de 245 kilogramos, pasando a valer menos las categorías subsiguientes. Controlando el peso de faena se accede potencialmente y en consecuencia, a controlar el precio de compra del animal terminado, al menos en el sector consumo.
  • Los planteos de recría se favorecerían porque podrán modular qué vender y cuándo vender de modo mucho más sencillo que antes. El efecto marcado de la estacionalidad en el mediano plazo (claro que ya van a haber pasado las elecciones y a partir de ahí será otro cantar) permite planificar de otra forma. Por lo tanto, y como venimos haciendo hasta ahora, se sugiere apuntar a un esquema de recría y terminación que contemple agregar muchos kilos por cabeza y posicionar ventas en el primer semestre de 2020. Dentro de las posibles alternativas que permiten llegar a mayores pesos de faena de las hembras existen aquellas de carácter simple, que radican en generar procesos de recría cortos para agregar más kilos/cabeza sin sobre-engrasar las vaquillonas.

¿Quiénes se pueden perjudicar con esta resolución??

  • El gobierno se podría perjudicar en el mediano plazo, cuando la escasez le termine complicando con más virulencia la pauta inflacionaria y pague un alto costo político, si es que ya no lo empieza a pagar ahora. El argumento del gobierno es que lo hace pensando en el bien común. Pero estando en Argentina, cabe preguntar: ¿el bien común de quién? Es cierto que hubo muchos intereses de diversos sectores para que esta medida se concrete, pero también hay desidia o falta de voluntad para buscar otras alternativas para solucionar un problema concreto. Si se trata de medidas para evitar el sobre engrasamiento temprano de las terneras hembras, hay muchas soluciones técnicas. Y si se trata de generar carne barata en corto plazo, también hay soluciones técnicas. Cuando el mundo discute otro tipo de cuestiones relacionadas a como ser mas eficiente y producir más carne y en forma más eficiente, subiendo el peso de faena de la hembra, nosotros lo achicamos. Interesante paradoja en la cual en lugar de subir la vara para mejorar la cría y la recría y, como no lo podemos lograr, nos dedicamos a bajarla.
  • Los criadores se pueden perjudicar porque una baja en el precio del gordo en plena zafra y en post zafra puede impactar más temprano que tarde en la reducción del precio de la invernada. El mercado de compra de invernada empezará a descontar la baja del precio del ternero posiblemente antes de que entre en vigencia la resolución. Paradoja del destino porque los frigoríficos que querían bajar el peso de faena lo hacían para resguardar los intereses del criador para que no se castigue la ternera. Nada tan conmovedor y emocionante. CARBAP también pidió bajar el peso de faena porque quería que el Estado no se entrometa en la producción. y argumentaba que el peso límite de faena no sirvió para aumentar la producción de carne. Como explicamos anteriormente, el Estado se sigue entrometiendo y el productor sigue sin tener libertad plena para hacer lo que quiera. El límite del peso de faena se debe ver como una medida no para producir más sino para evitar producir menos.
  • Los que brindan hotelería se perjudicarían, porque ahora los kilogramos de ración a facturar bajaran notablemente por razones obvias y se les dificultará diluir costos fijos. Y no hay más terneros que los que se están destetando (la vacunación de marzo así lo está demostrando) para volver a recargar el feedlot. No se pueden fabricar más terneros para hacer 3 o 4 ciclos de engorde cortos en lugar de dos más largos.
  • Las instituciones que abogaban por levantar el peso de la media res aduciendo que  tiene tanta o mejor calidad que la res de un animal liviano (INTA, IPCVA) terminan predicando en el desierto. Otro ejemplo notorio de la falta de coordinación interinstitucional.
  • La Mesa de las Carnes, porque puede terminar seriamente debilitada. Convivirán algunos operadores tratando de convencer a los feligreses del país para que recríen a pasto para producir novillos pesados dentro de un año junto con algunos protagonistas del arco consumero, convenciéndolos que en Argentina no se puede recriar y que hay que hacer liviano.
  • La exportación, en menor medida y en forma tangencial porque, porque ahora pierde sustento cualquier intento de desgravación impositiva o algo que lleve a levantar el peso de faena en el corto plazo. No tiene sentido subir el peso de faena de los novillos a costa de una desgravación después de haber bajado el peso mínimo de las hembras donde el Estado dejará de percibir impuestos por esto. Subsidiar para exportar más no luciría ni tentador ni posible por ahora. Y se suma el argumento de la AFIP esgrimiendo que la desgravación es una medida difícil de controlar. Pero la exportación está entretenida, por ahora, con la vaca china.   
  • Muchos profesionales pierden prestigio porque quedaron demasiado expuestos diciendo cosas en forma irreverente de un sustento técnico científico muy endeble, pero a conveniencia de los sectores o empresas o intereses para los que trabajan.

¿Cómo se podría haber resuelto este tema?

En cualquier parte del mundo civilizado una problemática de esta característica y/u otras cuestiones técnicas, se resuelven por alguna o varias de las siguientes acciones:

  1. Interactuando con organismos de Ciencia y Tecnología (INTA, Universidades, etc.). Es muy triste ver que en todos los sectores involucrados no se tuvo ni la grandeza ni la intención (muchos son profesionales) para encargar estudios reales y de simulación acerca de los posibles efectos de la medida (o de cualquier otra que se tome) sobre las variables productivas, económicas y de mercados.
  2. Se debió generar conocimiento científico y profesional. Se debería haber realizado uno o varios ensayos en INTA u otras instituciones oficiales. Se podría haber generado ensayos para cruzar dietas de engorde con dietas de recría estableciendo parámetros productivos y definir punto finales de terminación de la gordura, por ejemplo. Cualquier experiencia que realice algún sector que presionó para bajar el peso de faena le quita fundamento y confianza.  Habiendo tantos lugares e instituciones donde generar información, no se hizo nada. Pero el ensayo no debió ser ahora. ¡ Debió haber sido hace tres años! Hace 13 años que está el límite del peso de faena.
  3. Consultar a técnicos de INTA y Universidades para que analicen las diferencias metabólicas entre machos y hembras para establecer las líneas de peso final con iso-composición corporal, que seguramente no es 300 kilos y 245 kilos. Y para nuestro tipo de animal, que no tiene mucho que ver con el americano. 
  4. Participando las asociaciones de productores. Aquí estuvieron ausentes de toda discusión y aporte para esclarecer el tema, salvo la Cámara de Engordadores. Incluso AACREA (que ahora tiene fuerte injerencia en el INTA y en la Secretaría de Agricultura)  y otras instituciones podrían haber generado algo de información.
  5. Luego de recurrir a ensayos y a estudios de simulación, se hubiese procedido a discutirla entre los interesados, incluso a través de un plebiscito o una ronda de exposición. El único plebiscito que se conoció fue el que la elaboró la Cámara de Feedlot para sus asociados.

Más allá de lo bueno y lo malo o de lo acertado o no de esta medida, es muy triste ver para las generaciones que nos suceden -a pesar de haber cambiado de clima político, de haber pasado los años-, que no se ha evolucionado mucho y seguimos con la misma ineptitud para poder enfrentar y solucionar nuestros problemas.

Bichos de Campo