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Volver a creer
12.05.2019 | 09:16

Es cierto, cuesta mucho correr la bruma y focalizar la realidad, es difícil que el “día tras día” no te lleve puesto y en esa carrera feroz de entender cada minuto, cada hora, todo nos parece terrible, todo está muy cargado de negatividad, porque no llegas, porque no te alcanza, porque el banco te hunde, el precio se cae, no llueve pasto.

Pero también sucede que el agua siempre deja enseñanzas, para el que le sobra porque entiende que es un fenómeno capaz de quitarte todo, como esas trágicas imágenes con animales nadando al infinito sin hacer pie, con casas inundadas, con una producción perdida, con un futuro incierto. La misma imagen que te muestra dos maestros rurales con los zapatos en la mano y un “maletincito” colgado, pantalones enrollados y caminando en el barro, como si nada importara, como si Baradel no existiera, tipos que nada los detiene en la pasión de enseñar, de dar el ejemplo, de que a todos nos quede la cara al rojo vivo de vergüenza, aunque a varios no se les mueva un pelo.

Esa misma bendita agua que en su ausencia es capaz de llevarnos al quebranto, angustiarnos, imaginar lo peor, traernos el recuerdo de tiempos que año tras año pretendemos olvidar y sin embargo cuando llega, nos da vuelta la cabeza, nos trae esperanza, nos ilusiona, nos vuelve a centrar en la idea de que siempre hay un equilibrio y que más allá de los mercados, de las políticas, de las decisiones de manejo, hay una única verdad que es la coherencia, por borrosa que a veces se nos ponga.

Mil ejemplos da la vida para el que los quiera tomar, no es fácil poder guardar tanta agua en un solo aljibe, pero siempre se consigue cubrir la necesidad” nos dice el Maestro de Huanguelén, volviéndonos a las fuentes. Y quizás es acá en los peores momentos donde deberíamos volver a pensar en dónde está lo importante. Cegados por urgencias, por problemas, quizás no vemos los problemas de otros, en muchos casos complejos, críticos y de nada sirve seguir insistiendo en el mensaje de que vamos hacia el fondo, sobre todo para los que ya están ahí, muchas veces sin salida y sos vos tal vez, quien tenga que por un segundo, pensar en el otro y estrechar la mano.

Soy crítico, no tengo ningún reparo en decirlo, me siento en la obligación de desnudar lo que muchos quieren tapar, esa misma obligación que me lleva a jamás olvidar de dónde venimos, quiénes nos trajeron hasta acá, más allá de que es urgente y prioritario que los que “hoy están” entiendan claramente que equivocaron el modelo, que apostaron a los que especulan, que en el afán de “agradar”, taparon el sol con la mano y que si la salida era dolorosa, mentir, nunca es el mejor camino y hoy pagamos ambas consecuencias. Cuáles? Jugando con las palabras “Sinceramente” el gobierno más funesto de la historia con la señora a la cabeza y el gobierno que más defraudó, si de expectativas y esperanzas se trataba. Uno repudiable por corrupto y estafador, el otro, el otro, por nunca cambiar lo que venían a cambiar.

Y ahí estamos muchos de nosotros, esperando una señal, esa que la fe a veces nos trae y qué en una frase, en una estampita y hasta en un wasap, nos da un poco de luz, al menos, para quienes aún creemos, cómo esa que me llegó de pasada y que en pocas palabras me permitió resetear el disco imaginario al menos por estos días, “quédate señor, cuando nos puedan las dudas, cuando nos muerdan los miedos, cuando nos falten las fuerzas, cuando se apaguen los sueños y se acallen los deseos”…por eso todo depende de vos, de mi, de nosotros y nunca dejar de creer en que siempre hay una solución, claramente la clave es volver a creer. Miremos el pasado, desnudemos el presente y presentemos más que nunca, batalla al futuro.

Carlos Bodanza                                                                                           

Para Mañanas de Campo