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Sin identidad, no hay futuro
04.08.2019 | 12:16

Cada año la Exposición de Palermo representa un viaje de ida, nada de lo que allí ocurre, pasa sin dejar una marca para siempre, formando parte de la inmensa historia que cada pabellón, rincón, corral o stand contiene. La historia, no puede medirse o juzgarse con el diario del lunes, está escrita y será después de muchos años analizada sin entender el momento, eso que hacen muchos incapaces, desconocedores que hay cosas que no pueden directamente analizarse sin haber estado.

Esta será la Rural del despeje ganadero, la que dice que después de muchísimos años, Argentina volvió a ser mirado como un exportador serio y confiable de carne, algo que se expresó en los miles de visitantes extranjeros que no solo vinieron a darse una vuelta, sino que lo hicieron para concretar o proyectar negocios. Y hablamos de carne, porque hablamos del extraordinario momento que vive la ganadería ovina, con todo un sector empujando fuerte, para renacer de sus propias cenizas y mostrar un producto que debe meterse en las góndolas, en los restaurants y en la casa de cada Argentino. El cerdo, más allá de estar ausente físicamente, tiene una oportunidad única, de la mano tal vez de desgracias ajenas, pero de ello nacen oportunidades y esta cadena está preparada para aprovecharla.

La tecnología ganadera fue uno de los grandes pendientes de los últimos 20 años, sin embargo, la pasión, la tradición – la de criar- y toda una serie de hechos, marcaron que es el momento de cambiar una producción retrasada al extremo, ineficiente, que necesita de nuevos ganaderos o ganaderos con nuevos pensamientos, que entiendan la importancia de que producir, no es juntar patas en el campo, que la carne es una sola y debe construirse, que el mundo pide trazabilidad y bienestar, que por estos lados –más allá de los encierres- hay un enorme capital que se llama territorio y nos permite criar a pasto y suplementados, los mejores bifes del mundo. Todo está al alcance de la mano, solo hay que dejar de lado, un montón de supuestas tradiciones que no suman, entender que hoy producir, es elevar la vara, no se trata simplemente de hacer lo que hicimos siempre.

Será recordada como una Rural de reclamos, no basta una simple devolución de un Ministerio que quienes lo bajaron, nunca debieron hacerlo. Como tampoco será silencioso, el reclamo por la falta absoluta de créditos para un sector que sin ellos no avanza, no puede retener ante un mercado que le pide la categoría más cara en cuanto a futuro –la vaca china-, como tampoco es posible producir con retenciones, un impuesto retrógrado y extractivo, más aún cuando lo que se retiene no vuelve al sector, ni en caminos rurales, ni en supuesta conectividad –o si la hay es para unos pocos -, en seguros ante eventualidades, o en beneficios impositivos y creditcios.

Y será por último, la Rural de lo bajo que ha caído la educación, con un puñado de ignorantes que protestan por cuestiones que ni siquiera conocen, reclamando la libertad de animales libres, el bienestar de animales que no conocen otra cosa y sobre todas las cosas, el reclamo para que especies como la gallina, no sean más gallinas, no pongan más huevos y dediquen su vida, a ser vaya a saber qué. Por eso esta Rural, dejará más abierta que nunca la grieta de una ciudad que no conoce absolutamente nada de su propio país, de capitales que creen vivir de algo que desconocen y que no hay prensa ni comunicación que pueda cambiarlo, si ese chico desde que escribió sus primeras palabras en un cuaderno, lo único que aprendió –con suerte- es que los pájaros vuelan.

Carlos Bodanza                                                                                           

Para Mañanas de Campo