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Tu otro yo, la mejor de tus elecciones
11.08.2019 | 09:15

Otro sábado por la noche y siento que el teclado me mira de reojo. Quieto y sin vida, su expresión poco convincente, me obliga a repensar una vez más un editorial. “La 493” pienso por dentro y en este ejercicio de hablar conmigo mismo, tengo la ventaja de que nadie escucha, por lo que la incipiente locura, pasa desapercibida al menos hasta el momento de la lectura de estas líneas.

“De política no puedo decir nada, ni de coyuntura de país, de economía no se y de las cosas simples del campo, mínimos me hace falta un poco de ruta en la semana para por lo menos, haber traído letra en las retinas”, me cuento frente al monitor mientras que la musa inspiradora claramente se hecho a dormir hace un rato.

Repaso la consigna que hablará sobre “tus elecciones” y enseguida cae una ficha que enciende las luces del teclado. “Lindo juego: elecciones, no necesariamente elegir debe ser una cuestión electoral, o acaso todo el tiempo no tomamos elecciones?” me pregunto. En algún punto cardinal de hemisferio norte, montado en su “Motorhome” la sonrisa cómplice de mi columnista del Totoral me vuelve a regalar una frase inspiradora: “el enano justificador” será el culpable de parte de lo que decidimos muchas veces. “O acaso todos no tenemos uno?” me preguntó Gustavo alguna vez.

Ese muchacho o quien sea, vestido con traje de conciencia, suele ser el más ingrato a la hora de negarnos una y otra vez una idea, un proyecto, una elección justamente. El tipo de una manera u otra, siempre se las arregla para voltearte la más inspiradora de tus motivaciones y te deja con las manos vacías, con esas ganas de nada que asaltan la conciencia. Pero por suerte, en la más oscura de las noches, aparece el, el optimista que todo lo justifica, ese que de alguna manera, nos pusieron ahí para sentirnos un poco más vivos, para llenar ese agujero que no llena el amor, la plata o la salud. Ese, tal vez sos vos mismo y nunca te diste cuenta.

Y ahí vas, anestesiado por el “enano” sos capaz de encarar un tren, el crédito de la casa, el mensaje que nunca deberías mandar, el viaje que no tendrías que haber hecho – siempre la vuelta es una pesadilla- y hasta la columna que más de una vez quise borrar, ahí estaba el, subido al conocimiento de todas tus debilidades, encontrando siempre la excusa perfecta, para que termines haciendo lo que por conciencia propia, no sos capaz ni loco!.

Tal vez niños y borrachos, dicen la verdad, como también porque no los viejos, o tal vez aquellos que rompen moldes y que de la mano de este pequeño lapsus, nos animamos por una vez y hacemos lo que el termómetro interno así nos indica, esa verdad cruda que todos guardamos y aleccionados por un formato social, familiar, de costumbres, decidimos reprimir y que vuelve pocas veces, en un vuelo que seguramente, deseábamos emprender y que solo de la mano de este “enano” salvador, terminamos realizando.

Por eso cuando vayas a elegir, no elijas siempre con la razón. Dicen por ahí, que el cerebro es una máquina que solo es capaz de producir resultados, analizando y procesando todos los datos que hasta ese momento contiene, pero sin embargo, es incapaz de resolver las ecuaciones que aún no ha realizado, no puede controlar emociones, es incapaz de igualar un reflejo y muchísimo menos, de estar a la altura de tu “enano” interior. Por eso hoy, como cada día, déjalo elegir a él, que seguramente, no tendrá tus limitaciones de pensamiento.

Alguna vez, un querido maestro marcial, al iniciar una clase dirigió varios minutos a cuestionar el órgano más torpe, más limitado, menos reactivo y que más errores nos haría cometer ante cualquier eventualidad. Mi sorpresa fue que al llegar al final, el órgano en cuestión, era el cerebro. “El día que sean libres de él, podrán actuar por ustedes mismos”.

Carlos Bodanza                                                                                           

Para Mañanas de Campo