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El otro, la verdadera razón oculta
24.11.2019 | 09:19

Los valores no son justamente un bien de cambio que abunde en estos tiempos, por eso cuando en la vorágine diaria nos encontramos con gestos, con actitudes y con eso tan lindo que significa “pensar en el otro”, la sensación es sencillamente maravillosa.

El trabajo cotidiano es arduo, todos corremos, todos vivimos en parte al límite, más allá de que como decimos en nuestro pequeño grupo de trabajo, “tenemos la suerte de vivir haciendo lo que nos gusta” y esto inclusive en muchos casos, juega en contra de la propia calidad de vida. Cuando se disfruta de lo que se hace, se pierden los horarios, se acaban las agendas, los fines de semana muchas veces pasan de largo y tomarse vacaciones suele convertirse casi en un problema, por increíble que parezca. En pocas palabras, lo que nos gusta, lo que nos apasiona, nos atrapa y terminamos esclavos de nuestro propio entusiasmo.

Escondida en cada uno de nosotros está la semilla que debe imperiosamente brotar para hacer “del todos los días” algo un poco mejor, esa pequeña semilla llamada empatía: pensar, entender, disfrutar y compartir con los otros. No es fácil, menos aun cuando el otro en muchas ocasiones, podría ser tal vez, nuestra propia competencia, quizás ocupa el lugar que deseamos o llega a lugares que nosotros no llegamos. Ver que todo eso queda de lado, es una sensación única.

He contado que dentro del periodismo agropecuario, hay situaciones que no se ven en otros ámbitos, hay una camaradería que aún desconozco como surge, porque cuestión se da, pero está, es real, es tangible. Y el hecho de sentirla y de vivirla, llena el alma.

Colegas de diferentes regiones, de otros medios, algunos escritos, otros radiales, televisivos, de redes. Tal vez sean la cantidad de horas vividas fuera de casa, pero eso también lo tienen otros rubros. Quizás sea la lejanía, pero cualquier otro ámbito convive lejos y no conozco la misma simbiosis. Por ahí, tendrá que ver el hecho de que el mismo sector lo genera, lo desconozco.

Un abrazo, sonrisas, confesiones, diálogos, trabajo compartido, laburo en equipo, solidaridad constante, sencillez, mucha pero muchísima sencillez en cada uno, han hecho de un grupo simple un fuerte grupo de amigos y contarlo, es llenarse de orgullo, es entender que uno pertenece a algo más, que se extiende en el otro y que ese par, siente exactamente lo mismo.

Muchos podrán decir que es fácil, que cualquiera puede hacerlo, sin embargo, vivimos gestos que la mayoría podría realizar y no lo hace. Allí radica la diferencia en muchas cosas que se viven a diario, en mucha gente que entiende que la plata, que el dinero, que el ganar más, solo trae plata y la sensación final termina siendo la “de seguir en su búsqueda”. Lo otro, el sentirse parte de algo, es una maravillosa sensación de saciedad, de encontrar lo que cada día estamos buscando.

Los invito por un segundo, “en el todos los días” de muchos de ustedes a intentarlo. Busquen en el otro, miren en el otro, sientan por el otro y esa sensación de vestir un zapato ajeno, créanme, no tiene precio.

Carlos Bodanza                                                                                           

Para Mañanas de Campo