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El sabor de la gente
12.01.2020 | 09:10

No hay tiempo, todo parece una carrera contrareloj y el resultado es sabido de antemano, la carrera está perdida, pero poco hacemos para cambiarlo. Las horas se vuelan y el sentido de las cosas, pierde justamente sentido.
Por eso la reflexión de hoy nace para invitarlos a tomarnos ese tiempo, justamente hacer la diferencia de pasar corriendo a disfrutar lo que hacemos, ese sutil contraste de lo que puede llamarse trabajo y que hasta no hace mucho, se mezclaba con la vida misma.

En todos lados hay personajes, pinturas, paisajes, un puñado de nuevas experiencias, anécdotas esperando salir a escena, pero para ello necesitan eso tan valioso que porfiamos en regalarle a otros, nuestro tiempo.

Pasaron las cosechadoras y con la tecnología actual todo se fue volando, claro en tres pasadas con semejante ancho de cabezal, no llegué ni a conocer el camionero que se fue con las tolvas”, se lamenta mi amigo Gustavo melancólico de los tiempos donde los fierros hasta se rompían y el ritual de la cosecha era un sinfín de aventuras, adrenalina, nuevos personajes. Mateadas, un churrasco, largas charlas, fueron suplantadas por unos cuantos mensajes, algún llamado y el reloj mirando el campo de al lado próximo trabajo a cosecharse.

Todo pasa volando hasta en el campo, ese lugar donde detener el tiempo, debería ser obligatorio. No por perder eficiencia, nadie habla de que el trabajo lo sea, pero lo vemos a veces en la manga, trabajando con la hacienda, donde todo parece una carrera de ver cuántos animales se vacunan o se tactan o ecografían en una hora, como si lo rápido siempre fuera bueno, habiendo tanto por mirar, por analizar, por debatir.

Las recorridas por los potreros son efímeras, todo es mirando el próximo potrero, donde tal vez ese tiempo de radiografiar un cuadro, es sagrado para entender las malezas, para percibir los resultados de una aplicación, para calcular los kilos de materia seca, para ver la dinámica del rodeo, para entender cómo fue el servicio de acuerdo a cómo se vienen dando los partos.

Ni mencionar si relacionamos al campo con sus protagonistas externos, allí es donde nacen las soluciones, es donde alguien siempre ve algo que nosotros no, es donde hacemos negocios, donde nos enteramos que pasa en otros campos. Ferreteria, almacén, cooperativa, Veterinaria, Taller, Agronomía, Agroservice, son lugares sagrados para tomarse el tiempo que haya que tomarse y ver más allá de nuestra tranquera.

Así sabemos que se vende el campo de las vías, que hubo fuego en el puesto abandonado –seguro alguno cazando de noche-, que carnearon en lo de algún vasco, que los tanteros del gallego que vienen de Jovita-Córdoba son los que mejor laburan, que se jodió el encargado del campo de la laguna, que cambiaron la directora de la escuelita o que están convocando a una reunión por seguridad con la patrulla.

Es cierto, los días son más cortos, no caben dudas. O tal vez será que lo hicimos cortos de tanto andar corriendo y que hasta el eje de la tierra se ha movido y eso hace que los minutos se vayan más rápido. Quien sabe no? Lo único cierto es que ese día, en ese momento y en ese lugar, cuando lograste bajar de la carrera, sentarte en ese mostrador con el mate que te alcanzaron, cuando entró un vecino y te enredaste en una charla y por último, subiste a la chata rumbo al campo, seguramente allí, la hora se hizo más larga, el día un poco más vívido y tu tiempo con un poco más de sentido.

El valor de las cosas está en vivirlas, no simplemente en verlas pasar. Está en cada uno de nosotros decidir que opción tomamos. El tiempo es nuestro, está en cada uno retenerlo y sacarle el mejor provecho.

Carlos Bodanza

Para Mañanas de Campo