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Navegando entre las horas
22.03.2020 | 09:14

El reloj parece detenido, las horas pasan lentamente y ese tiempo que nunca parecía existir, de pronto se ensancha en el día, dándonos un ritmo y un lugar que pocas veces llegamos a vivir. La cuarentena está entre nosotros y quienes creemos que debemos cuidar a los demás, intentamos recluirnos mientras las obligaciones y necesidades lo permiten.

Esta cuarentena, casualmente tiene los mismos días que la cuaresma, ese período donde los Cristianos se preparan para recibir la Pascua, tal vez el momento más importante en la vida religiosa. “Tiempo de perdón, reflexión y reconciliación” es lo que dictamina la religión que casualmente tiene en su historial los 40 días del diluvio, los 40 años de la marcha del pueblo judío por el desierto y los 40 días que Jesús pasó entre los arameos antes de comenzar su vida pública tal cual reza el nuevo testamento. En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y oportunidades de crecimiento. La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV con la práctica del ayuno y de la abstinencia. En la Argentina comenzó el 26 de Febrero, apenas unos 7 días antes de la confirmación del primer caso de Coronavirus.

Este juego de palabras no es para atormentar a nadie con cuestiones de fe, simplemente nos muestra un camino recorrido, una y mil veces por la historia de la humanidad en cuanto a pestes, enfermedades, muertes y resurgimientos, ya sea una guerra o como tantas hemos tenido, debacles económicas.

Para muchos la soledad, el tiempo, las horas muertas, son una novedad por estos días, librados de toda obligación, miles de Argentinos pasan en el día buscando actividades, entretenimientos, películas, tildar los pendientes de la casa que mil veces quedaron por hacerse y en estas dos semanas, tal vez encuentren la resolución de años de postergación.

Habrá momentos más difíciles seguramente. Tal vez comiencen controles en serio, para todos aquellos que creen siempre ser más fuertes, ser inmunes, ser más vivos, ser en definitiva, más idiotas que cualquiera y tal vez la selección natural nos haga un gran favor, tildándolos en la lista, siempre y cuando, no se lleven inocentes de la mano, a causa de la estupidez de estos inservibles.

Es el momento de pensar en los médicos, en los agentes de salud, en el almacenero que se banca todo, en el poli de la cuadra que en lugar de renegar con delincuentes, tiene que pelearse con la vieja de la esquina que pretende salir todos los días a buscar medio felipe, porque le gusta el pan fresco.

Podría ensalzar al productor agropecuario, que continúa en su labor, alimentando a los encerrados, haciendo lo que hace cada día, sin importar enfermedades, encierros o cuarentenas, pero tal vez, por pertenecer a una sociedad que no lo merece, no sea el momento de hablar del campo y sus roles, alguna vez tal quizás, llegue ese momento y todos entiendan, que hoy comemos, porque hay un tipo laburando para vos.

Por eso hoy fundamentalmente, es tiempo de mirar para adentro, estas horas deben servir para navegar profundo en nuestra conciencia, entender que más que nunca, esta crisis es una gran oportunidad personal. Los invito a no malgastar el tiempo, a no entretenerse para no pensar y afrontar el gran desafío: el de encontrarse con uno mismo.

Según el médico y filósofo Persa Ibn Sina padre de la medicina moderna (980-1037) escribió “la imaginación es la mitad de la enfermedad, la tranquilidad es la mitad del remedio y la paciencia es el comienzo de la cura”.

Carlos Bodanza                                                                                           

Para Mañanas de Campo